A fines de junio, cuando anunció el endurecimiento del aislamiento en el AMBA, el Presidente anticipó que habría un IFE 3, pero dijo que solo se pagaría en los territorios que sigan con cuarentena estricta.

Hubo, casi de inmediato, una reacción en las provincias que pidieron que el programa continúe en los distritos que ya habían retomado la actividad, pero seguían sufriendo los efectos del derrumbe económico.

El planteo llegó a la Casa Rosada y a Olivos y derivó en la decisión anunciada este miércoles.

“El IFE significa que millones de argentinos no caigan en la pobreza”, dijo Fernández, según trascendió, y confirmó la tercera etapa para todo el país. Pero avisó que “es una herramienta de emergencia que no vamos a poder darlo siempre”.

Ese fue, de hecho, el argumento de por qué el IFE 3, en el plan original, iría a la mitad de los beneficiarios de las dos primeras etapas. El impacto fiscal es inmenso: cada pago significa desembolsar unos 90 mil millones de pesos.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, dio otros detalles. “El IFE tuvo un impacto muy positivo en las provincias para reactivar el consumo y es un impacto directo que alivia los ingresos familiares”, dijo y apuntó que “el gobierno hace un esfuerzo inédito en sus cuentas públicas y transfiere fondos, con equidad, a las provincias”.

Por la tarde, en una reunión con intendentes de Juntos por el Cambio, Fernandez se los había adelantado. Los intendentes llevaron al presidente la consulta del intendente Sebastián Abella.

“Esto demuestra una vez más la oposición en Campana esta fuera de sintonía con el presidente y salen a decir mentiras para generar enojo en los vecinos”, destacó el jefe comunal.