Con brillantes levitas y galeras y al son del bombo con platillo, una murga integrada por personas privadas de la libertad de una cárcel bonaerense demuestran la función social y liberadora de esta expresión
artística y popular.
“Cuando bailamos no estamos presos” o “la murga me sacó de todo”, son expresiones de los distintos murgueros que componen la agrupación de carnaval “Los Estudiantes de Marcos Paz” que se formó hace cuatro meses en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires.

“Le pusimos ese nombre porque estamos en el colegio de la Unidad”, contó a Tílam Pablo Girón, de 36 años, quien dirige la murga y está detenido hace tres años y ocho meses.

En septiembre pasado, cuando comenzaron a armar la murga “íramos 15, hoy somos 54 porque se fue sumando gente de distintos pabellones”, añadió otro de los primeros integrantes del proyecto, Germán Luna, de 37, quien a casi cuatro años de estar preso está a
punto de “comenzar con salidas transitorias”.

Girón, quien ya había bailado en una murga antes de ser detenido, expresó que la murga “nos saca de nuestros problemas y nos hace sentir contentos porque estamos expresando arte; es lindo porque a uno lo lleva de vuelta a la vida pasada”.

“Es una alegría, permite cambiar la forma de pensar, de valorizar la familia, de no quedarse atrás”, enfatizó tras añadir que “la murga nos permite hacer un trabajo grupal, con compromiso y solidaridad, siempre comprendiendo que tenemos que ser unidos y que tiene que haber un diálogo”.

Los integrantes de “Los Estudiantes de Marcos Paz”, que ensayan en el interior del penal dos veces por semana, definen su desfile, su ritmo y sus canciones, entre las que tienen una crítica “que todavía no la queremos presentar, criticamos mucho a la cárcel y a la sociedad”, dijo Girón.

El viernes pasado realizaron un festival en el penal, donde mostraron sus trajes naranja y verde, colores elegidos porque son “la esperanza y tenemos la esperanza de la libertad”, dijo Luna.

Los internos participan de talleres donde ellos mismos hacen los trajes con apliques de lentejuelas, los instrumentos, estandartes, sombrillas y banderas.

Por su parte, el director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), Víctor Hortel, aseguró a Tílam que la murga, una actividad que no es tradicional dentro del organismo, “la planteamos en tírminos del lema del gobierno que es profundizar”.

En este marco, el funcionario destacó la importancia de contar para las actividades culturales que se realizan, con “el apoyo de gente de afuera, para que puedan ver que hay una cuestión de igualdad, que se puede convivir”, y en este sentido reivindicó a Vatayón Militante, una agrupación política que acompaña el proyecto.

El director del SPF, que integra la murga tocando el redoblante, puntualizó que “tratamos de priorizar todo lo que es cultura, educación, y dentro de la cultura, la música y el baile son cosas que liberan” y rescató la actividad murguera porque “tiene un contexto relacionado con lo cultural, lo nacional, lo popular, lo social”.

“Digo esto -continuó- porque nosotros no venimos a plantear una política penitenciaria nueva. Nosotros planteamos una política de derechos humanos, que es fundamental para lograr lazos de pertenencia”.

Por su parte, la pedagoga social Eleonora Caldo, jefa de Educación de la Unidad II, hizo referencia al trabajo que “venimos haciendo desde hace cuatro años, a travís del cual los internos saben la dinámica de trabajo, con el objetivo de salir para adelante, y eso permitió que en dos meses pudiíramos armar una murga”.

“La murga logró una fuerte unión de grupo, generó otro interís, otro sentimiento, más allá de que puede haber problemas, que son cosas que se pueden solucionar, porque hay una disciplina de trabajo en equipo y de visión compartida, de tener un fin y hacerlo entre todos”.

En este marco, enfatizó en la necesidad de crear “lazos con el afuera para ayudar a la reinserción social”.

Fuente: infoban.com.ar