Con la presencia del obispo diocesano, monseñor Oscar Ojea, del intendente de San Isidro, Gustavo Posse y su esposa, María Fernanda Nuevo, la comunidad de Beccar participó de las actividades organizadas por la parroquia Nuestra Señora de Lourdes en honor de la Santísima Virgen en la advocación que recuerda su aparición a Santa Bernardette Soubirous, la joven francesa de 14 años que pudo verla en 18 oportunidades.
Aquel hecho, ocurrido en 1858, motivó una devoción inmensa que provoca que multitudes de personas peregrinen a Lourdes en Francia y a los santuarios esparcidos por todo el globo.

En Beccar, en la iglesia inaugurada en 1933 se erigió un templo (declarado parroquia en 1949) donde todos los años se llevan a cabo distintas actividades pastorales, rezos comunitarios y misas especiales, además de la tradicional procesión por las calles de la zona y la celebración eucarística central con un cierre popular de música y comida.

La procesión -con la imagen de la Virgen llevada en una camioneta de los Bomberos Voluntarios de San Isidro-, en esta ocasión, recorrió la calle Posadas hasta Formosa, para luego retornar al templo (Posadas 312, Beccar) por la calle Josí Ingenieros y por Haedo arribar al lateral del templo donde fue celebrada la eucaristía.

Durante la misa, monseñor Ojea reflexionó en la homilía sobre la Virgen en cuanto a la fiel entrega luego de la sorpresa del anuncio del Ángel. “La confianza de María es absoluta se abandona en Dios y va descubriendo un nuevo modo de oración porque ella lleva en su corazón y en su carne al hijo de Dios, es la oración con el Verbo Encarnado, que late en su seno, que vive de ella, de su sangre.”

“La peregrinación de María le ayuda a preparar el Magnificat que será el canto que nos regaló y que define todo lo que en ella es canto a Dios. Por eso es importante poner en manos de María lo que nos preocupa, lo que nos duele, nuestras debilidades, nuestros problemas, para que ella se los entregue a Jesús y las haga oración. Ayúdanos María, madre de Lourdes, a avivar el fuego del espíritu para poder acompañar a los hermanos, para estar al lado, para no faltarles, aunque no sepamos quí hacer, para acompañarlos.”, concluyó el obispo diocesano.

Posteriormente, y como ocurre, cada año, al concluir la misa los fieles recibieron pequeños frascos con agua bendita con el fin de acompañar la oración personal.

Fuente: infoban.com.ar