El referente del Frente Renovador e histórico dirigente industrial, José Ignacio de Mendiguren, realizó recientemente tres entrevistas radiales en las que trazó un diagnóstico detallado de la actual realidad económica argentina. Basado en su amplia trayectoria en el sector productivo y en la gestión pública, elaboró una propuesta concreta para encontrar una salida sustentable a los problemas estructurales del país, alejándose de los reiterados esquemas de especulación financiera que asfixian a la producción nacional.
Durante sus intervenciones, De Mendiguren fue categórico al analizar el impacto del actual programa económico, al cual responsabilizó de buscar intencionalmente la primarización de la economía y la destrucción del entramado productivo. En ese sentido, advirtió que “Argentina registra actualmente la segunda mayor caída industrial a nivel mundial, con un 53% de los empresarios reportando bajas drásticas en sus ventas y un 46% con serias dificultades para sostener salarios y afrontar pagos a proveedores”. Para el Vasco, esta situación es la repetición de recetas históricas fallidas que siempre han desembocado en severas crisis y un endeudamiento insostenible, afirmando que “este escenario es un "Plan Plata Dulce" diseñado para beneficiar a los bancos y a la especulación financiera a través de la bicicleta del carry trade, dejando al país sin capacidad de repago y sumamente vulnerable ante cualquier shock externo”.
Asimismo, cuestionó con dureza la profundización de un modelo extractivista que exporta materias primas sin procesar en lugar de industrializarlas para multiplicar su valor. Como ejemplo, señaló la irracionalidad de exportar trigo a granel o maíz barato para alimentar animales en el exterior, y luego importar productos procesados a precios exorbitantes. Además, advirtió que regímenes como el RIGI consolidan esta matriz al entregar recursos estratégicos sin exigir desarrollo local, ilustrando este punto con el proyecto de gas en Bahía Blanca: “mientras el esquema original contemplaba una planta terrestre que agregaría valor y soberanía, el actual reduce la operatoria a un barco licuefactor alquilado que podría abandonar el país ante fluctuaciones del mercado internacional”.
Frente a este complejo panorama, De Mendiguren apeló a su experiencia en la gestión para plantear una salida virtuosa centrada en el desarrollo y no en el ajuste permanente. Explicó que “el verdadero orden fiscal no se alcanza recortando los ingresos de los jubilados o quitando asistencia a las personas con discapacidad, ya que asfixiar la actividad económica termina por derrumbar irremediablemente la recaudación”. Por el contrario, el Vasco, propuso cambiar la matriz productiva para agregar valor a las exportaciones, fomentando el desarrollo de acumuladores en lugar de vender litio crudo, y ampliando la capacidad petroquímica. Recordando la salida de la crisis de 2001, instó a retomar el camino del crecimiento económico apoyado en superávits gemelos, baja inflación y un tipo de cambio competitivo.
Finalmente, hizo un llamado a la dirigencia para construir un modelo de desarrollo inclusivo, advirtiendo que Argentina debe planificar de manera transparente si desea ser un país puramente extractivo o una nación desarrollada que genere riqueza genuina para su gente.






























