Uno de los mayores errores que se cometen a la hora de invertir es posicionarse dentro de un activo que no se adecúe al propio perfil inversor. En numerosas ocasiones, los inversores pierden dinero no tanto por los propios mercados financieros, sino por su psicología mal adaptada al producto de inversión por el que han optado.

Para evitarlo y aclarar este asunto, vamos a detallar a continuación los tres grandes perfiles inversores que existen, para que podamos determinar cuál es el perfil que mejor se adapta a nuestras circunstancias particulares.

Los activos de riesgo, para apetitos de riesgo alto

Como su propio nombre indica, los activos de riesgo no son recomendables para todo el mundo. Solo quienes tienen apetito de riesgo alto y saben que pueden perder gran parte o todo el capital que inviertan deberían explorar esta vía.

Los activos de riesgo más populares del momento son las criptomonedas. Muchas personas acuden a estos mercados atraídos por las elevadas rentabilidades históricas, pero suelen olvidar las grandes volatilidades y fuertes desplomes que se suceden con cierta periodicidad. Basta con ver el reciente colapso de Terra para comprobarlo.

La renta variable, para apetitos de riesgo moderado

En la renta variable se encuentran las acciones bursátiles, su mercado más relevante. Aquí entran tanto los índices bursátiles, como el famoso Nasdaq estadounidense, como las acciones de las compañías de pequeña, mediana y gran capitalización bursátil.

Acceder a estos activos es sencillo gracias a las plataformas de trading reguladas que permiten acceder con todas las garantías a una amplia selección de acciones. Posibilitan tanto comprar como vender acciones y cuentan con aplicaciones oficiales para operar desde el teléfono móvil.

La renta variable es recomendable para apetitos de riesgo moderado. Es un mercado óptimo para inversores que ambicionan rentabilidades superiores a la renta fija a cambio de un plus de riesgo y volatilidad, sin tener que exponerse a los riesgos más elevados de los activos de riesgo.

La renta fija, para apetitos de riesgo bajo

Por último, está la renta fija, la opción para quienes desean maximizar la seguridad frente a la rentabilidad. En la renta fija destaca el mercado de bonos, tanto gubernamentales como corporativos, teniendo estos últimos un riesgo mayor al no estar la solvencia garantizada por las autoridades públicas. También brillan últimamente los bonos ligados a la inflación, que actúan como escudo en escenarios inflacionistas como el que vivimos a escala global.

La renta fija es la opción más conservadora, pero hemos de ser muy conscientes de que nunca veremos en ella las rentabilidades de la renta variable o de los activos de riesgo. Si somos conscientes de esto, no nos llevaremos decepciones en última instancia.

En resumen, no todos los activos financieros están indicados para todo tipo de inversores. Los que pueden resultar adecuados para unos pueden ser desastrosos para otros, y viceversa. Es, pues, importante conocernos a fondo, saber cuáles son nuestras expectativas y ser conscientes de las rentabilidades que cabe esperar según nuestra operativa. Nos horraremos así más de un disgusto.