Uno de los argumentos del intendente García para justificar el desbocado aumento del impuesto municipal por excelencia (la tasa de alumbrado, limpieza, conservación de la vía pública y servicios varios), es la ausencia, durante ocho años, de ninguna clase de aumento. El intendente de nuestra ciudad dice que desde el año 2000 no hubo aumentos de la tasa residencial. Lo que no dice el intendente es que íl mismo declaró, hasta el hartazgo (incluso lo escribió en las melosas cartas que acompañan las boletas impositivas), que no era necesario realizar ningún tipo de actualización a los tributos locales porque la situación fiscal de la ciudad era sumamente sólida. ¿Quí fue lo que pasó entonces?¿Mintió el intendente? Es muy probable, y no sería la primera vez. Lo cierto es que para las elecciones del año 2003, en plena crisis social y económica, el Sr. García no se animó a aplicar los aumentos que hubiera deseado, y luego, hacia el año 2007, no se iba a arriesgar a perder más votos de los que viene perdiendo su cada vez más opaco gobierno. Hay una palabra que define al intendente de nuestra ciudad en relación a los momentos que elije para aplicar sus impuestazos: Demagogia. Antes de las elecciones, se rasga las vestiduras públicamente diciendo que íl no necesita manotear los bolsillos de nadie; luego, a poco de ganar (cada vez con menos votos), “agradece” al electorado con su sablazo fiscal.
Esto fue lo que ocurrió durante la dícada de los años 90. Años, recordaremos todos, en que los salarios estuvieron congelados, no así los tributos municipales, que sufrieron no uno sino siete aumentos. Siete, en diez años. Un verdadero rícord. Veamos:
Si iniciamos el análisis en el mes de enero de 1992, y tomamos como referencia a una vivienda familiar de 90 m2 en zona R2, comprobaremos que pagaba alrededor de $ 7.- por mes (en ese entonces la tasa se pagaba por bimestre, es decir, $ 14.-). Durante el año 1992 se realizaron reajustes que llevaron esa tasa a un valor de $ 8,10, y al año siguiente, un nuevo reajuste que ubicó la tasa en el mes de diciembre a $ 9,30 (aumento bianual de 30%). Luego, en octubre de 1994, y con la excusa de la privatización de Obras Sanitarias, se sumó a la tasa el mantenimiento de la red de desagües pluviales, elevando el importe mensual a $ 11,60. Durante el año 1995, se reajusta este mantenimiento, y este vecino debe pagar $ 13,30. Ya estamos, en apenas tres años, en el doble de la tasa. En el año 1996 se produce el primer impuestazo por aumento en las valuaciones, pero que hoy envidiaríamos, dado que el porcentaje fue de aproximadamente 20%. Se llega así a un valor mensual de $ 15,60. Hacia fines de año 1997, el intendente aprovecha la aplicación de la frecuencia mensual (la tasa deja de ser bimestral) para aumentarla, en nuestro ejemplo, a $ 17.- Para las elecciones del año 1999 no hubo novedad, desde ya, pero en el año 2000, para los vencimientos de marzo, el intendente García promovió su segundo impuestazo de la dícada, esta vez por casi un ¡100%!. El vecino de nuestro ejemplo tuvo que pagar desde entonces una tasa de $ 27,50… ¡cuatro veces más que en enero del año 1992!! (y, aclaramos, en una economía congelada y con peso convertible). Invitamos al vecino lector que compruebe lo que decimos con sus propias boletas.
Si el intendente García pretende que los vecinos, poco menos, le agradezcamos no habernos aumentado los impuestos durante ocho años, debería explicarnos, previamente, porquí nos castigó los ocho años anteriores.
No hubo nada en la Argentina (ni el transporte, ni el agua, ni los telífonos, ni el gas domiciliario, lo cual es mucho decir) que aumentara cuatro veces durante esos años. García lo hizo. Y lo vuelve a hacer ahora.

* Javier E. Varani – Presidente de la Unión Vecinal de Vicente López

Fuente: infoban.com.ar