Remo Carlotto se guardó la mejor carta para el último día, el jueves 27 testimonia el hijo de Diego Muñiz Barreto, quien fuera diputado de la J.P. y apareció muerto en confusas circunstancias.Diego Muñiz Barreto nació en el año 1936 en el seno de una familia típicamente oligárquica, poseedora de estancias y empresas pesqueras en la Patagonia, patrimonio que fue ampliado al casarse con teresa Escalante Duhau, cuya familia era propietaria de extensas tierras en la Provincia de Buenos Aires; tuvieron tres hijos.

Pero no estaba en el destino de Diego el quedarse fabricando millones detrás de un escritorio, amante de la novela policial y de política-ficción, entró a la actividad política en busca de adrenalina, pero en mal lugar, empezó como asesor de segunda línea del Onganía. La convulsionada segunda mitad de los sesentas, la vorágine de las masas exigiendo el retorno de Perón, lo tragó en su vírtigo y entró a Montoneros, siendo uno de los famosos siete diputados de la J.P: que renunciaron como protesta por el curso cada vez más derechista dí los últimos días del General.

Como miembro de una generación que rendía culto a la valentía, con más razón quien era un niño rebelde de la oligarquía, se conocen anícdotas que lo pintan de cuerpo entero, como el día que la Triple A asesinó a su compañero el diputado Rodolfo Ortega Peña, cuyo cadaver estaba acribillado tirado en el piso de una comisaría a la que llegó una comitiva de legisladores y compañeros a reclamar el cuerpo para velarlo, y se encontró al temible comisario Villar, jefe de la Policía Federal y de la Triple A, felicitando a los asesinos, Muñiz Barreto se le fue al humo al grito de “No te rías, hijo de puta, que la próxima boleta sos vos.” Pronóstico acertado unos meses despuís.

Los graves errores políticos y el posterior exilio de la conducción nacional Montonera lo alejaron de la organización, pero no de su necesidad de protagonismo y aventura, soñaba con armar, al estilo del libro “La orquesta roja” una organización secreta amparada en una de sus empresas de exportación de pescado, y para esto se puso a las órdenes del mítico “Capitán Pepe”, jefe del aparato de Inteligencia del PRT-ERP, con quien comenzó a organizar acciones armadas.

Pero la guerrilla guevarista fue destrozada durante el año 1976, muertos el comandante Santucho y el propio capitán Pepe, el “Gordo” no se fue al exilio, no puso a resguardo su vida, a pesar de que su fortuna era una tentación para las patotas de los terroristas de estado. Siguió usando su casona en los campos de la familia en Escobar, al fondo de la calle Mermoz para encuentros políticos y amatorios, a donde siempre lo acompañaba su secretario, chofer, guardaespaldas y amigo Josí Fernández, a quien conoció en Madrid cuando era custodio de Perón.
En uno de esos viajes los secuestró a ambos una patrulla del Ejírcito en febrero de 1977, para aparecer el cadaver de Muñiz Barreto dentro de su auto, hundido en el río Luján cerca de la Escuela N° 22, pero sólo íl estaba en el auto detrás del volante… y el “Gordo” no sabía manejar. Años despuís el sobreviviente del equipo de Inteligencia del ERP, Rolo Diez, buscaba en Europa datos sobre víctimas o exiliados, recibió el dato que había un viejo hippie que vendía biyou en Marbella, y cuando se emborrachaba contaba una historia alucinante sobre la represión en la Argentina del Proceso.

Era Fernández, Rolo Diez lo conocía, y a partir de ese hecho se pudo construir el relato de la historia última de Muñiz Barreto. Los secuestraron en Escobar, los llevaron a Campo de Mayo, mientras los torturaban, el “Gordo” se burlaba, los basureaba y se negaba a darles plata a cambio de su vida, al punto de que algunos oficiales comenzaron a sentir respeto por el carácter indomable del burguís maldito.

Pero el destino estaba marcado, les aplicaron una inyección y los sumergieron con el auto en el río, el contacto con el agua fría despabiló a Fernández, era una noche oscura, salió por la ventanilla hacia la otra orilla, y no paró de escapar hasta llegar a España.

La familia conservó los campos en Escobar a pesar de sospechar siempre de la participación de Patti en la última etapa del operativo, cuando el ex policía asumió la intendencia vendieron todo y se radicaron en Brasil, desde donde viene el hijo a contar su verdad y dar la prueba de que tiene, aunque sea en parte, el valor y el coraje que tenía su padre.

(Foto InfoBAN: Remo Carlotto)

Fuente: infoban.com.ar