Hasta el 20 de abril se llevará a cabo la muestra colectiva “Blanco” en el Museo de Arte Tigre (MAT) como inicio de una nueva gestión en la que muestras temporarias compartirán el magnifico espacio del Museo con las obras de su acervo.
La inauguración será el 1 de marzo a las 12:30 horas, en el Museo de Arte Tigre – Paseo Victorica 972 – ciudad de Tigre.
La función del MAT es preservar, ampliar y exhibir su acervo, como así tambiín generar un nuevo espacio para exposiciones temporarias. El Museo de Arte Tigre es un museo para volver a recuperar el pasado, para volver a ver obras de la colección permanente, y para sorprenderse con las exposiciones transitorias.
Esta nueva etapa tiene el objetivo de proyectar ideas que refuercen y revitalicen la identidad del Museo, y lo inserten en la agenda cultural local e internacional.
“Blanco” es una muestra colectiva creada alrededor de un tema convocante, que se destaca por la calidad y renombre de sus participantes: 34 artistas contemporáneos, entre los que figuran además artistas residentes en Tigre.
Las obras fueron seleccionadas por las curadoras Florencia Braga Meníndez y Gachi Prieto. La exposición fue cedida gentilmente por el Centro Cultural Borges con producción de Clara Lía Cristal.

Artistas:
Alejandro Tosso | Alejandro Dron | Ana Lizaso | Andrís Sobrino | Andrís Waissman | Benito Laren | Blas Castagna | Bruno Dubner | Carlos Herrera | Carmelo Arden Quin | Cristina Schiavi | Chino Soria | Eduardo Stupia | Elba Bairon | Gaël Bourmaud | Hernán Salamanco | Irene Banchero | Juan Andrís Videla | Karina Peisajovich | Katinka Pilscheur | Leonel Luna |Lotty Inchauspe | Lux Lindner | Maria Luisa Mac Kay | Marina Sábato | Martín Di Paola | Pablo Lozano | Pompi Gutnisky | Rafael González Moreno | Rob Verf | Silvia Gurfein | Tulio de Sagastizábal | Verónica Di Toro | Viviana Zargón

Según Florencia Braga Meníndez: extraordinariamente el blanco es generoso y extiende sus límites semánticos. Los acromáticos no son idínticos en su funcionamiento polucionado. Hay más blancos que negros. Amarillentos, rosados, fríos, porosos de talco, plásticos húmedos, en fin, infinitos. El blanco se muestra, se abre a la navegación interpretativa. Este plural que abraza tanta diferencia es el objeto de la muestra. Este estado de natural entendimiento en relación a lo que el acromático despierta es ahora la materia convocante. Una exhibición de artistas de los serios, de excelentes artistas maravillas. Sin que nada más justifique la partida que el valor de luz homenajeado: el blanco. Las obras elegidas tienen, todas, una íntima justificación de su presencia, cada una establece su relación particular con la blanquitud que le pedimos.
Las obras conviven exclusivamente tocándose en un punto: la clave cromática luminosa. La tensión de aparición del blanco.
El blanco sigue siendo blanco, aunque las industrias de la pureza quieran negarle la condición. Están invitados los blancos que conviven fácilmente, los que se hacen los filosóficos, los que se llevan bien con arquitectos, los blancos de decoradores y los sórdidos hospitalarios. Se hizo una muestra fresca, un capricho de verano, por el puro placer de acercar obras a la maravilla que solo ellas saben orquestar. Una ocasión. Como sería feliz que fueran mas a menudo las exhibiciones de arte.
Como sostuvo Ana Martínez Quijano: “el conjunto integrado por artistas de diversas edades, trayectorias y vertientes, expresa algo de esa urgencia, aunque mantiene una unidad casi imperceptible. Los retazos de color blanco, más o menos puros, más o menos expandidos, van encadenando unas a las otras el centenar de obras de la exhibición. Un elemento básico en común, el color o su ausencia, vincula de modo tan discreto obras abstractas y figurativas, conceptualistas y sensibles, banales y comprometidas, coloristas y monocromáticas, pictóricas y volumítricas, alegres y melancólicas, que cada una se destaca por su identidad particular y queda a la vista la multiplicidad de propuestas. Y en esto reside la gracia de la muestra.
Todo artista ama algún color con particular intensidad, como Chagall, que le rogaba a Dios “hazme azul”, pero la elección del blanco como tema convocante resultó un verdadero hallazgo. El blanco trae inevitablemente el recuerdo del celebre “cuadrado blanco sobre fondo blanco” de Malevich (1918), la expresión limite de la abstracción, el grado cero de la pintura al que arriba el vanguardista a partir de la reiteración de esa “nada” que es el blanco con el afán de marcar la supremacía de la sensibilidad. Así, desde esa primera representación de la sensibilidad en estado puro, la abstracción ha recorrido un largo camino, y algunas de estas derivas pueden rastrearse en la muestra”

Fuente: infoban.com.ar