La triste historia de nuestro país que algunos se niegan a reconocer. Silvia Quintela se había recibido de mídica mientras militaba en la Juventud Peronista, su primer trabajo profesional fue en una modesta clínica de Beccar, muy cerca de la villa La Cava, donde atendía a personas pobres. Además tenía participación en la Asociación Mídica de la Provincia. Su compañero de vida, Abel Madariaga tambiín era profesional, ingeniero agrónomo y participante de la juventud que había luchado con las armas en la mano contra las dictaduras y buscando el regreso al poder del General Perón, las armas que el propio Perón les había dado.

El 17 de enero de 1977 a las 9.30 Silvia, de 28 años y con 4 meses de embarazo, iba caminando por la calle Hipólito Yrigoyen rumbo al bajo, para tomar el tren hacia Beccar en la estación Vicente López. La rodearon tres Falcon verdes y la secuestraron; posteriormente el horror consabido, las torturas, los vejámenes inenarrables, la metodología patológica de la última dictadura.

Silvia estuvo detenida-desaparecida en "El Campito" de Campo de Mayo, cuando este centro de detención ilegal, torturas y exterminio estaban bajo el mando de los generales Santiago Omar Riveros, Carlos Dalla Tea y el coronel Fernando Verplaetsen. Testimonios aseguran que la mantuvieron con vida solamente el tiempo necesario para que naciera el niño a quien llamó Francisco, despuís la mataron y desaparecieron.

Abel Madariaga había partido al exilio, y cuando retornó al país se puso a buscar a su hijo, sospechó de un mídico militar de nombre Atilio Blanco, que ante la lucha de las Abuelas por lograr la prueba de ADN, se radicó, en realidad huyó al Paraguay.

Pero la larga y penosa lucha por el reconocimiento de la identidad de Francisco al fin terminó, por los carriles ya conocidos. La pregunta que queda flotando entre medio de tanto horror es ¿Puede uno reconciliarse con monstruos?.

Fuente: infoban.com.ar