Foto NA

La fiscal María José Basiglio, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) de Violencia de Género de Pilar, espera el examen toxicológico del empresario Jorge Neuss y la pericia de las tablets de la familia para poder cerrar el caso, que prácticamente ya tiene en claro que el femicidio tuvo una motivación y que había violencia de género antes del crimen de Silvia Saravia.

Asimismo, es probable que llame a declarar a las amigas y familiares de Saravia, especialmente a la hermana de la víctima.

Este lunes, además de una de las empeladas domésticas también declaró el dueño de la concesión del bar del golf del country Martindale y dos empleados, lugar que tanto Neuss como Saravia solían frecuentar.

De todas maneras, no aportaron demasiado, ya que indicaron que eran amables en el trato con ellos y que nunca observaron hechos de violencia entre el matrimonio.

Sólo dieron un detalle importante al revelar que nunca los veían juntos: “Ella siempre con sus amigas y él con los suyos”.

Asimismo, una de las empleadas domésticas que tenía la familia aportó un testimonio vital para que la Justicia sostenga que Neuss no tenía problemas mentales como podía creerse en un principio, ni que hayan intervenido factores externos como para que el empresario asesinara a su mujer y luego se suicidara.

“Hubo una pelea importante”, admitió la trabajadora de 49 años, contratada por Neuss para desempeñarse junto a otra compañera en las tareas domésticas a principios de 2019.

La mujer ya había declarado ante la fiscal Basiglio, pero ese testimonio se dio pocas horas después del femicidio, por lo que se le volvió a tomar declaración, ya más tranquila y con la posibilidad de recordar más detalles que pudieran aportar más claridad al crimen seguido de suicidio.

Y así fue, porque la empleada, cuya identidad no trascendió, contó que la noche previa al asesinato el empresario y Saravia habían discutido intensamente y que la esposa del empresario salió de la casa cerca de las 22:00 del viernes, se subió a su auto y se fue.

“No nos habló, no nos dijo a dónde iba ni si volvía, se fue”, declaró la mujer.

Tampoco pudo precisar si Saravia volvió y durmió con su marido porque poco después de la salida del hogar de la víctima ella se fue a dormir, pero ese dato fue confirmado el viernes por Lucila, la única hija del matrimonio, quien reveló que su mamá pasó la noche en su casa.

Saravia efectivamente regresó al otro día, detalle que afirmó la empleada, aunque en el momento no supo que había dormido afuera.

A las 10:00, Neuss la llamó para que le llevara el desayuno a la habitación y notó que Saravia no estaba allí.

La testigo no recordaba el horario exacto en que vio entrar a la víctima a la casa del country Martindale pero sí que fue “cerca de las 13:00”.

A las 12.51 se registró en el teléfono de la empleada un llamado a Lucila.

La testigo explicó que fue para avisarle que algo había ocurrido: “No le dije que habíamos escuchado dos disparos porque no quise alamarla”, admitió ante la fiscal.

La hija, según pudieron establecer los investigadores, no conocía la gravedad de la situación, porque cuando iba a entrar con su mamá recibió el llamado de una vecina.

“Mamá, andá juntando las cosas que en tres minutos vuelvo”, le dijo.

Momentos después de alejarse a buscar una lámpara a la casa de la mujer que la había llamado, Lucila recibió el aviso de la empleada.

La autopsia comprobó que entre Neuss y Saravia hubo forcejeo y que el empresario la agarró de la cabeza con su mano izquierda y le disparó con una Magnum .357 con la derecha.

La bala rozó la mano que sostenía la cabeza y luergo impactó contra esa zona.

A poca distancia del cadáver de su esposa, Neuss apuntó su arma a su propia cabeza y se disparó de abajo hacia arriba, encima de la oreja, un poco adelante.

De esa manera, la Justicia pudo establecer que Neuss no tenía problemas mentales que lo pudieran hacer innimputable ni que hubo factores externos que podrían haber sido un fector vital en el asesinato