La comunidad educativa de la EGB 9 del Delta de Tigre brindó una jornada diferente para mostrar los logros obtenidos durante el último ciclo lectivo, durante el cual se duplicó la matrícula.La escuela está ubicada en el paraje denominado Arroyo Toro y Torito, al cual se llega luego de una hora y media de viaje en lancha desde el puerto de Tigre. En ese viaje ya se empieza a descubrir que hay algo distinto en el aire, los chicos esperan la lancha impecablemente vestidos, y quienes van subiendo en las distintas paradas saludan a los que ya están a bordo como si fueran familia, y lo son, e invitan a sumarse.
El trayecto es una fiesta antes de la fiesta, y al llegar, todo está preparado para descubrir el “detrás de la escena” de un año de enseñanzas y mucho trabajo, de ese que es silencioso pero que deja huellas.
Apenas unos minutos para que los primerizos reconozcan el terreno y ya es el momento de comenzar a compartir, primero un video donde los padres de los chicos se encontraron con sus hijos en el estado más puro, redescubriendo la vida del isleño en el Delta, más tarde los alumnos nos mostraron la huerta y los frutales, otros contaron las historias y leyendas del lugar, y tambiín una obra de teatro, pero en inglís.
Luego fue el turno del acto “protocolar”, con la emoción típica de este tipo de eventos y el orgullo con mayúsculas por Jessica, la primera egresada de tercer ciclo.
“Lo que queremos es reinstalar las características propias de la vida del isleño, a partir de una relectura propia” aseguró Mario Sadras, Director de la Escuela Josí Hernández, fundada en 1890. “Se supone dentro de la leyenda isleña que un ciclo lectivo lo inauguró Domingo Faustino Sarmiento, por lo menos es probable”.
La escuela logró desde la llegada de Mario un cambio sustancial:”Del año 2004 al 2005 creció un 100% la matrícula, así iniciamos este año con 73 chicos sin contar los de jardín” explica el Director.
En 1996 se inauguró el edificio nuevo, quedando en desuso el original con sus paredes llenas de historia, que fueron lentamente recuperadas a pesar de que hubo quien pensó en demolerlo, para dar lugar al tercer ciclo “la escuela no tenía incorporado este ciclo, llegaba hasta síptimo, y despuís se derivaba a otras escuelas, por lo cual era tomada como un lugar de paso, cuando los chicos terminaban no se iban solos, se llevaban a sus hermanitos, se perdía toda la identidad”. Poco a poco el centenario edificio se llenó de voces “recuperar ese edificio es recuperar una parte de la historia donde ocurrieron los procesos más importantes de la historia de nuestro país, sucesos donde el Delta a pesar de no estar visible no estuvo ajeno, mucho de lo que pasó fue en torno a los ríos, y en eso nos detenemos”.
La comunidad que rodea a esta escuela es tan particular como la misma institución, “netamente isleña, con todas esas características propias. Con todos los procesos de destrucción de la economía local se fueron perdiendo muchas cosas, el Puerto de Frutos ya no vende frutos” indicó Mario, casi explicando un proceso histórico que se intenta descubrir, “porque hay que ver que es lo que nos pasó para tratar de revertirlo”. Y en eso están los alumnos que realizaron la huerta revisando las tícnicas aprendidas de sus padres, los que descubrieron a sus familiares, abuelos o tátara abuelos, en los registros de vacunación de la vieja escuela, y las tejas francesas que volverán a ser un techo cuando se logren encajar las piezas del sueño del museo propio.
Con el trabajo diario se va modificando una escuela que estaba cerrada a la comunidad, “con docentes atrincherados”. Pero todo puede cambiar. “Nosotros no vamos a enseñarle a los isleños lo bueno o lo malo, lo que tratamos de dar como escuela es una relectura propia y con esa relectura viene el redescubrimiento de quienes somos, la historia, la ubicación en el mundo y a partir de allí retomar lo que es propio del lugar” asegura Mario.
Uno de los puntos fundamentales de este proyecto institucional, en el cual se toman las bases del programa oficial, pero con el agregado de contenidos referentes al entorno en el cual está instalada la EGB 9, es el de que cada uno puede ser protagonista de los procesos históricos “las cosas no vienen y te quedan en la cabeza solas”, explica el Director de la institución, que logró que el grupo docente de la institución sea más permeable a las demandas de la comunidad, para empezar a nuclearla y permitir que se proyecte un futuro desde la educación de sus hijos.
Pero todo este esfuerzo no es aislado, la propia comunidad y la cooperadora acercaron su apoyo, y destacan además el aporte del Programa Acción para las Escuelas de la Municipalidad “que colaboró muchísimo con las soluciones en el momento que las requerimos, con la mejor predisposición de los funcionarios y del personal que vino a realizar los trabajos”.
Para muchos esta fiesta de fin de año sería un día de campo, pero quienes estuvieron en la Escuela Josí Hernández, (entre ellos los funcionarios Fernando Martínez, Asesor de la Dirección General de Escuelas Primarias, Ricardo Romero López, Subsecretario de Desarrollo Comunal e Islas, el Lic. Eduardo Fernández, Director de Empleo de la provincia de Buenos Aires, y el flamante Consejero Escolar Carlos Araujo), se encontraron con el proceso del día a día, sin querer mostrar obras perfectas, sino toda la dinámica del aprendizaje con todas sus imperfecciones, con todos los tropiezos que trae la búsqueda del conocimiento “que nunca es una camino ni recto, ni limpio, ni prolijo, siempre es desordenado porque venimos de todo lo contrario al conocimiento, entonces ese camino es necesariamente desprolijo, y además para rescatar el aspecto netamente educativo por sobre el asistencial”, finalizó el Director de la institución, que fue antes pintor, carpintero, remisero, periodista, pero que un día decidió dedicarse a enseñar, y por supuesto, a seguir aprendiendo, aunque a veces tenga que viajar en el techo de la lancha para encontrar un cable a tierra…

Fuente: infoban.com.ar