Vicente López está inundado de carteles que muestran a un viejito bonachón, ofreciíndose para quien sabe quí en Italia. El viejito con cara de bueno, que se ofrece para ser senador por los inmigrantes italianos en Sudamírica, es nada menos que Esteban “Cacho” Caselli, tambiín conocido como el “Obispo”, uno de esos personajes a los que se suele encontrar recurrentemente en los pliegues de la política.
Alguna vez fue secretario de gobierno del recordado gobernador Ruckauf, tambiín fue embajador argentino ante la Santa Sede, en las tambiín recordadas ípocas de Carlos Menem.
Allí, cuentan las crónicas al alcance de la mano, trabó amistad con el segundo de Juan Pablo idem, el cardenal Angelo Sodano, con quien no sólo compartió celestiales inquietudes, tambiín terrenales negocios.
Tambiín estableció una firme alianza con la primera línea de los capistostes medievales de la iglesia argentina (Aguer, Ognenovich, etc) y todavía hoy, con tanta misa que corrió por los púlpitos, el gobierno K lo culpa de poner palos en la rueda de su relación con la milenaria fuerza.
Actualmente es embajador de la Orden de Malta, una secta afín al Vaticano a quien la ONU reconoce status de “estado independiente”, por lo que sus diplomáticos pueden utilizar las valijas diplomáticas, íl lo es ante Perú, y su hijo mayor, Antonio, aparte de ser el vicepresidente de River Plate, lo es ante la Argentina.
Su otro hijo, Patricio, fue sucesivamente candidato a vicegobernador con Patti y con Blumberg, aunque nunca pudo arrimar el bochín a un buen resultado.
En River Plate, tu grato nombre, derrotado o vencedor, la familia Caselli, de prosapia muy derecha católica, comparte cartel con Josí María Aguilar, que la va de progre, es decir, que conducen hacia una grave crisis al club más importante de la Argentina, desde la más pura pluralidad ideológica.
El “Obispo” se unió a Silvio Berlusconi, el bocón líder de la desaforada derecha italiana, y ahora quiere mojar una papita en una salsa riquísima… lo que debe ser la renta de un senador tano.
La campaña de carteles en la vía pública tiene un gasto realmente increíble, como para pensar que se juega mucho. No se cansan nunca.

Fuente: infoban.com.ar