El Deliberante de Vicente López otorgó a Ines Valerga de Delú la mención de Ciudadana Ilustre de Vicente López, en concordancia con el 86 aniversario del nacimiento de Eva Duarte.
Cualquier vecino puede cruzar a esta señora coqueta en La Lucila, sin imaginar que ella fue una revolucionaria que se casó con un financista y luego con un militar, y vivió exiliada en Venezuela, pero ante todo, fue asistente, delegada y amiga de la mujer argentina quizá mas famosa, Eva Duarte de Perón, que al igual que marcó las vidas de miles de personas, dejó una huella indeleble en Inís Magda Valerga de Delú, la mujer que conoció a fondo al símbolo de las mujeres de nuestro país.
Ahijada de Hipólito Yrigoyen, de familia netamente radical, no niega ser peronista, “jamás lo neguí, y me siento muy orgullosa, ahora no digo mas que soy peronista, soy del General Perón y de Eva Perón, porque del peronismo se colgó gente que no es peronista y gente indeseable, me siento muy orgullosa de haber trabajado con Evita, porque la obra social de ella es indiscutible, ahora los argentinos tenemos un grave defecto, en vez de respetar las obras buenas de un presidente, destruímos todo, y así estamos, y me siento orgullosa porque desde el ´55 ningún presidente pudo domar el potro que es Argentina”.
Su primer contacto con Evita, casual, ocurrió en la provincia de Córdoba. Inís estaba con un pariente con fama de “picaflor” mientras se filmaba la película “La Pródiga” (1945, dirigida por Mario Soficci, con Juan Josí Míguez), veraneando con su familia, y en una de esas tardes de calor mediterráneo, su primo le presentó a otras tres personas a bordo de un descapotable, eran los protagonistas de la película, y Evita, “yo los mirí y la que me quedó grabada es la cara de ella, era mucho más bonita personalmente que en las fotografías”.
Pero no fue entonces cuando entabló su relación con Evita, años mas tarde de vacaciones en Mar del Plata, recorriendo el Barrio Stella Maris, cerca de Los Troncos, lo mas “paquete” de esa ciudad, Inís observó a un grupo de chicos “panzones de parásitos”, revolviendo la basura que tiraban desde los hoteles de categoría. Con experiencia en el periodismo, (escribía una columna en la revista “Maribel” con el seudónimo Lina Achábal, dado que su familia radical se resistía a que tuviera participación política) sacó fotografías y llamó al director del diario “La Capital” con la idea de comprar una página para publicar un artículo sobre lo que había visto. La respuesta fue una página central en la que escribió “Mar del Plata, ciudad de dos caras, hasta dónde llega la ayuda social que pregona el gobierno peronista”.
El telegrama de citación no se hizo esperar, Inís fue “invitada” a concurrir a la antigua residencia presidencial, ubicada en el lugar donde ahora está emplazada la Biblioteca Nacional.
Por los rumores de la ípoca sobre lo que podía ocurrirle a quienes se oponían al gobierno, tomó todas las previsiones posibles, llamó al director del diario “La Capital” y recibió el apoyo de varios periodistas, aunque decidió concurrir a la reunión sola “si no aparezco a las diez de la noche, entonces se movilizan”. Coqueta como siempre, allí fue con su mejor vestido y su sombrero, y con su telegrama en la cartera.
En la puerta la recibió una mujer que le anuncia “a la señora no le gustan las mujeres arregladas como usted”. Luego de discutir con esta asistente, Inís se paró ante la enorme puerta cancel con vidrios y cortinas de macramí, típicas de la ípoca. Al fondo de un largo pasillo se abrió una puerta: “Apareció ella, con pantuflas, zoquetitos y un desabillí”.
-¿Usted es Valerga? la estaba esperando…
Tres mujeres del partido acompañaban a Evita en la sala, con el diario sobre el escritorio.
Inís negó en ese momento el encuentro casual que habían tenido en Córdoba, porque no sabía que era lo que le esperaba, y el pariente que la acompañaba en ese entonces no era la mejor presentación.
Evita inmediatamente y mirando siempre la nota publicada en el diario marplatense, dijo “Yo necesitaría tres o cuatro mujeres como usted, porque me gusta que me digan donde yo hago falta, quiero que trabaje conmigo”.
Inís se quedó unos instantes pensando quí diría su familia, una ahijada de Yrigoyen trabajando con Evita, con los peronistas, pero contesta, “está bien, pero le voy a aclarar una cosa, a mi no me gusta que me griten”.
Obligada a hacerse fuerte en una familia en la que fue la única mujer en tres generaciones, Inís advirtió de su mal carácter. “Vamos a ser buenas amigas” le respondió la dirigente.
“A mí me gusta que me escuchen con atención cuando yo hablo porque yo escucho a las personas con atención, yo sí a quien le levanto el tono de voz, porque hay personas que entienden, y a otras hay que abrirles la cabeza y ponírsela de nuevo”, le dijo Evita, que le propuso que a esa altura ya podían tutearse. Inís, educada en protocolo contestó que no lo hacía porque “estoy hablando con la primera dama de la Argentina”. “Yo soy Evita”. Esa respuesta la conquistó, de ahí en mas comenzaría una fuerte relación, inclusive con la familia Duarte, en una ípoca en la que “los funcionarios íramos idealistas”, y recibió como primer trabajo trazar un panorama de las necesidades de la gente, como para empezar.
Inís trabajaba en el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, “íramos amigas, conversábamos, cambiábamos ideas, yo le daba ideas mías y ella las pensaba un rato y me decía “lo hacemos”, vivía a prisa, trabajaba hasta las tres y media de la mañana, atendía a todo el mundo, si le pedían una cita ella los atendía, ahora si había un Ministro, Embajador, ella atendía primero a los pobres porque decía que era los que la necesitaban, y los ministros se llevaban diez horas de espera”.
La confianza de la dirigente llegó a tal punto que fue su delegada para ganar las elecciones en Mar del Plata, en la que fue la única victoria del peronismo en ese territorio.
Inís no tuvo militancia específica en ningún sector del peronismo. El padre Hernán Benítez, tambiín vecino de la zona norte, escribió en el libro “Cartas Peligrosas” que hablar con ella “era hablar con el mismo Perón”.
Instalada la Revolución Libertadora, Inís estuvo refugiada 66 días en la embajada de Venezuela en Buenos Aires con quien despuís fuera su esposo, el mayor Marcelo Delú.
Junto a otro grupo de exiliados pudieron viajar a Caracas, y allí se reencontró con Perón que venía de Panamá. Inís fue su asistente personal allí, y la cercanía fue tal que el General fue su padrino de bodas y de su hija Laura. Durante 1967 Venezuela sufrió un gran terremoto, y la encargada de organizar un programa de asistencia no resultó otra que Inís, quien se puso al frente del programa “Alfa 66”, recibiendo el mote de la “Evita venezolana”
Aquejados por la falta de dinero, Inís se cobijó en la nacionalidad Venezolana e incursionó en el automovilismo que pagaba buenos premios, buscando una manera de sustentarse, dado que su marido por ser militar no podía nacionalizarse y por ende no tenía posibilidad de conseguir trabajo.
Acostumbrada a los grandes retos, corrió primero en kártings de dos motores, luego en la categoría Midget, y por último en una categoría similar al Turismo Carretera. La mujer que estuvo al lado de una de las mujeres que defendió mas fuertemente la posición de la mujer, lógicamente guarda como tesoros los diplomas y trofeos de sus triunfos sobre los pilotos, hombres ellos. Es tuerca, aún conserva un Camaro modelo 71, un auto de los que se denominan “picantes”.
Inís volvió a la Argentina con su familia en 1973, 18 años mas tarde, convocada por el anciano presidente. Un día le preguntó a Perón que hubiese pasado de no haber muerto Evita. “Todavía estaríamos allá”, le contestó.

Fuente: infoban.com.ar