Es la trama donde se entrelazan todas las miradas. El Peronismo y sus satílites (El Kirchnerismo, los Transversales, el Vecinalismo K) ejercen una fuerte presión para que la presidenta acepte ir por la reelección, cuando ella manda señales de que claramente no quiere; podrá tener una vocación militante muy firme, pero su físico tiene un límite.

Recuerden que hubo ocasiones donde se especuló que se iba o se caía y hoy, superando un ataque coordinado de corporaciones, tiene más del 50% de intención de voto. Esa suba implica una tarea de gobierno ciclópea, la presidenta habla todos los días de una tarea didáctica acerca de los modelos en pugna, viaja, toma medidas muy jugadas, y otras muy progresistas pero sin eco en los medios, como los Polideportivos y la escolaridad de doble turno para los chicos de los núcleos marginales duros.

Cristina electoralmente es una locomotora que le asegura a gobernadores, intendentes y legisladores, seguir conservando el poder territorial, salvo algún caso aislado. Si decidiera declinar, el Peronismo igual ganaría la presidencial con relativa comodidad, con Scioli, y la gobernación bonaerense, con Massa, incluso esos dos nombres en la boleta permitiría atraer a votantes que no piensan votar a CFK.

Ante esta situación dramática, podría existir una estrategia intermedia, que se presente con un compañero de fórmula totalmente leal, renunciar a los dos años, para impedir que el propio Peronismo se la coma al no tener opción a otro mandato, además de que nuestra presidente actual no es desprolija ni voraz como Menem, aunque muchos de sus soldados sí son los mismos, o tienen las mismas mañas.

Entonces, el compañero de fórmula la reemplaza y termina el mandato con opción a otro, y el kirchnerismo sigue existiendo. Ese compañero podría ser Urribarri, pero no es el único.

No debe asombrarnos que en el gobierno justicialista convivan un Scioli que saludó el asesinato de Bin Laden, y un gobierno nacional que no se comió la galletita y se declaró contrario a todo tipo de terrorismo, aún del que ejecuta un gendarme mundial, que fuera de cualquier jurisprudencia entra a un país, mata a un tipo, si es cierta toda esta película, y arma un show mediático lamentable por la cantidad de “lameculos” nacionales que convoca. No nos debería sorprender porque en casi todas las ípocas el peronismo fue un abanico muy amplio, a veces demasiado, y pagamos los platos rotos todos los argentinos.

Mientras tanto, esto se estudia con minuciosidad en la Rosada, en Olivos y allá en el sur, todos miran a la provincia, donde se mueven un Scioli que sigue subiendo en las encuestas, y un Massa que tambiín crece.

Vamos a decir una verdad conocida, ningún partido puede ni quiere darse el lujo de meter en el ropero a un candidato que mide lo que mide el alcalde de Tigre, los radicales y el Pro darían un riñon por tener en sus filas a alguno que mida la mitad. El problema es que Massa no se va a ir del Peronismo, rompiendo el sueño corporativo de unos cuantos, porque aun cuando desensille hasta que aclare en el 2015 (nada, un poquito despuís del Mundial de Brasil), sabe que el Peronismo tiene larga vida, no tiene fecha de vencimiento.

Pero si va a internas contra Scioli, le gana la minoría y queda instalado como un casi futuro gobernador, con una estructura provincial fuerte, que podría reforzar en el 2013 presentándose como cabeza de lista de legisladores, aun sin quererlo puede desestabilizar el contexto.

Hay intendentes en el cargo desde 1995, Othacehí desde el 91, el “Japonís” García desde el 87, las P.A.S.O. son una puerta abierta para que, de la mano de cualquier boleta paralela Justicialista, existan sectores, partidarios o no, que quieren utilizar la oportunidad de poner límites a esos largos reinados.

El problema es que esta estrategia, muy buena para íl, es muy peligrosa para varios intendentes, que le temen a una interna abierta porque pueden tener sorpresas en sus distritos. No es que prefieren a Scioli, no quieren correr riesgos, porque saben que con Cristina presidenta-Scioli gobernador, tienen enormes posibilidades de conservar sus cargos. Tienen terror, y están presionando en consecuencia, para que desde arriba no le den vía libre a la libre competencia democrática, con el objetivo final que CFK gane en primera vuelta y arañe o sobrepase el 50%.

No es un problema ideológico, incluso los intendentes cercanos a Massa no quieren perder la posibilidad de colar a sus soldados en las listas legislativas de Scioli, por eso ahora corren a sacarse la foto con el gobernador, que les garantiza blindar sus distritos, como lo hicieron el viernes Jesús Cariglino y Luis Acuña.

¿Cómo sigue? Nadie lo sabe, y lo van a estirar hasta último momento.

La presidenta viene dando señales muy a tener en cuenta, es más, ya lo dijo, dio "todo", consolidó un modelo muy fuerte. Sus oponentes se caen a pedazos todavía sosteniendo el agotamiento de la gestión, ni siquiera el más fuerte de los opositores, el jefe porteño, tiene asegurada su reelección y baila, casualmente, sobre una cuerda floja.

Lindo tema para seguirlo con atención, no nos olvidemos que, antes que nada, son personas, seres humanos, que sienten y están expuestos a los vaivenes de la vida. No todo se da en blanco y negro ni son, como cantaba Moris, maquinitas que no pueden fallar.

Fuente: infoban.com.ar