La polímica se detonó con el anticipo dado por el obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto en una columna en el matutino La Nación, de sutil advertencia se esparció como reguero de pólvora a todos los medios, y evidenció la relación del juego y el poder.
No es ajeno a la opinión pública el efecto sobre la comunidad que tiene la proliferación de salones de juego de azar en las grandes urbes. Así lo interpretaron los legisladores de la provincia al convertir en Ley el proyecto que alteraba las –aparentemente inofensivas- salas de bingo, deviniendo en casinos electrónicos.
En los considerandos de la Ley de Bingos de la provincia, que gerencian particulares a favor de Loterías y Casinos de la Provincia, se impuso un límite orientado al fomento del turismo y el desarrollo de atractivos para localidades del interior de la provincia. De ísta Ley, surgen las licencias a favor de entidades beníficas que perciben una porción de las utilidades para llevar adelante sus proyectos solidarios, pero el fuerte de la recaudación, queda en manos de “los bingueros” y el organismo estatal de la provincia de Buenos Aires.
El cerrojo que la propia ley impuso para la puesta en macha de salas de juego, elevó la contización de las licencias, y abrió los ojos de los “gerenciadores” para migrar sus salones a localidades más atractivas, es decir para centros urbanos donde el fomento y el desarrollo, queda desplazado por la ambición de lucro.
Es conocida la relación que los principales actores del negocio del juego tuvieron en ípocas de Duhalde con sectores del Gobierno. De hecho no resulta menos cierto que las licencias –quizá por obra del azar- recayeron en localidades donde poderosos políticos y legisladores tenían su asiento.
El paso de los años, convirtió a los Bingos en verdaderos casinos, la recaudación de las salas, creció en forma exponencial, al igual que el lujo en sus instalaciones.
Tambiín es dable destacar que Loterías y Casinos implementó un sistema de monitoreo de cada una de las máquinas, que se encuentran interconectadas con una central que impide los fraudes contra la recaudación del estado, único autorizado constitucionalmente para ser titular de juegos de azar.
En medio de la crisis, y con Solá al frente de la negociación, los bingueros, pusieron su granito de arena a favor de una delicada situación financiera de la provincia de Buenos Aires, pero como en todos los órdenes de la vida, nada es gratis.
A cambio de un compromiso multimillonario de aportes garantizados al estado provincial, renovaron sus licencias –muchas de ellas fuera de vigencia- garantizándose el gerenciamiento del negocio por quince años más.
La presión política se hizo sentir, y los rumores ya hablaban de pases de manos de varias licencias a operadores con “mas espalda” que puedan adelantar regalías a “loterías” equivalentes en algún caso a 5 años de explotación.
Tambiín en ese entonces se habló de una tajada importante para la política por debajo de la mesa, cuestión que nunca fue confirmada por las pesquisas, y que la justicia olvidó investigar.
En la provincia de Buenos Aires, y particularmente en la zona norte y noroeste, se instalaron varios Bingos y un casino –en Tigre- en medio de pulseadas con los propios intendentes que renegaban de la puesta en funcionamiento de las salas en forma inconsulta –tal el caso de San Fernando donde el Intendente Amieiro se opuso a la instalación de un Bingo pegado a la Municipalidad, escuelas e iglesia- o irrestricta –como el caso de Luján, donde el Intendente Prince tuvo que promulgar una Ordenanza para impedir que la sala de juegos opere las 24 horas- .
El avance de los salones tuvo su correlato en la proliferación de casos de potología del juego “Ludopatía” que en lugar de replantear la necesidad de la instalación de casinos, optó, desde la legislatura por ofrecer un servicio de atención a los afectados.
La ludopatía tambiín causó al erario público un fuerte golpe tras un fallo judicial: ahora toda publicidad de “timba” deberá ser acompañada por la leyenda “el jugar es perjudicial para la salud”. El poder optó por actuar sobre hechos consumados una vez más.
El imaginario público va más allá de lo realmente probado y acreditado, pero no está lejos de la percepción colectiva: el juego es mas poderoso que la fí. “mientras está en boga criticar el afán recaudatorio del diezmo (10%) de los evangílicos, o la limosna de los cristianos, nadie se opone al afán recaudatorio del juego que llega al 100% del salario de los ludópatas, y termina por llevarlos a una muerte civil cuando “*por la prodigalidad en los actos de administración y disposición de sus bienes expusiesen a su familia a la pírdida del patrimonio “ terminan inhabilitados por sus propias familias, si es que algo de su patrimonio quedó luego de una mala racha, donde la revancha nunca llegó. (*art. 152bis CC)

Andá a llorar a la iglesia

Nunca más cierta la respuesta a miles de familias destruídas por el juego, por parte de los acreedores usureros que se enfrentan a sus deudores. Y allí van... ellos o sus familias, en busca de algún consuelo donde poco o nada queda sin prenda, hipoteca o crídito.
El Obispo de San Isidro, conoce de casonas tradicionales de su dióseis vacías tras el paso de un ludópata, conoce del poder económico de los empresarios y capitalistas del juego, y claro está, desde el histórico factor de poder más importante de nuestra cultura católica occidental, sabe de que habla cuando advierte que el juego se ha convertido en un factor de poder, enquistando sus personeros en los gobiernos, o corrompiendo a sus gobernantes.
No es fácil oponerse a estos grupos. No es fácil resistir la tentación. Casaretto así lo hizo saber, manifestando su posición y advirtiendo a los políticos el riesgo inminente para su probidad, y consecuentemente para su comunidad.
No es un tema menor para los municipios más ricos, el saber que están en la mira de los empresarios bingueros. Sus comunidades estaban preservadas del avance inevitable sobre un mercado por demás atractivo, pero tradicionalmente adverso por cuestiones políticas.
Los intendentes radicales históricos de Vicente López y San Isidro, Enrique García y Gustavo Posse, respectivamente, el primero por convicción y el segundo por tradición, se habían negado a la instalación de casinos y bingos en sus distritos, pero algo cambió.
Los municipios que tienen bingos, perciben por un decreto de Solá (2002)cuantiosos fondos en concepto de coparticipación por la recaudación de las salas de juego, que auguran una solvencia fiscal, acorde con las necesidades del erario público, con un costo político sensiblemente más bajo que el de subir tasas e impuestos.
Por otro lado no es menor el dato que ambos intendentes se enrolaron en el Frente para la Victoria, con su conocido ascendente justicialista, mas propenso a consentir la instalación de salas de juego.
Así como en los 90´s la lucha Menem – Duhalde estuvo relacionada con la instalación del Casino flotante, por un lado y el de Tigre, por el otro, los actores cambiaron, pero la relación del juego con el poder se mantiene inalterada.
El prominente empresario Cristóbal López, fue victima no casual, del enfrentamiento político legado del menemduhaldismo, cuando sus instalaciones en el Hipódromo de Palermo, fueron el campo de batalla elegido por los empleados del Casino Flotante de Puerto Madero (Bajo la órbita Federal en disputa con el Gobierno de la Ciudad).
Ahora atribuyen al propio López, la intención de ampliar su campo de acción al Hipódromo de San Isidro, en tierras del possismo, y de Casaretto; y al Hipódromo Platense, con un destino incierto por la pírdida paulatina de adeptos al Turf.
Sobre la intención de instalar en Vicente López otra sala de juego, quedó claro intención que existe en ese sentido, cuando Enrique García, fue a Puerto Madero a buscar el apoyo de Nestor Kirchner para avanzar con la autorización de una sala de juegos de azar en su distrito, enmascarando la reunión con un supuesto apoyo del Radical K a la normalización del PJ encarada por el ahora ex Presidente de la Nación.
García ya eliminó de su plataforma electoral la negativa a aceptar la operación de salas de juego, pero aún le queda superar el escollo en el Deliberante, donde la Ordenanza 14509/04 en el Capítulo Usos del Suelo Inc. 6.2.7. Título: USOS EXPRESAMENTE PROHIBIDOS especifica a los “Juegos de Azar, excepto los reglamentados”, cuya excepción parecería referir a las Salas de recreación y entretenimiento prescriptas por la Ordenanza 12.635 art. 2º inc. 16 y 19.
Asimismo, un proyecto del edil Carlos Roberto de 07/11/02, logró que el HCD se expida rechazando el Decreto de asignación de regalías del juego por estar “prohibido” en el COU.
Una vez logrado el apoyo político para el alicaído intendente “japones”, sólo resta conocer el emplazamiento del Bingo-Casino de Vicente López que negocian los políticos vernáculos bajo un estricto cono de silencio.
Tres son las ubicaciones en danza: En el primer anteproyecto del Shopping del bajo del empresario De Narváez, junto al Carrefour, en el Hotel aparecía como anexo un Casino. Parte de las excepciones que contaron con apoyo justicialista en Vicente López, tendrían según explicó un edil local, como contraprestación la aprobación de un Bingo en Center Norte. Por último, el tercer emplazamiento en danza es la Estación Maipú del Tren de la costa, aunque hay otra estación ferroviaria en vista.

Fuente: infoban.com.ar