El primero en salir fue Florencio Avalos, que llegó a la superficie a las 0,10; estuvieron atrapados 70 días, a casi 700 metros de profundidad; el operativo se realiza sin inconvenientes y los trabajadores, según el ministro de Salud, están en buenas condiciones generales.

El minero número 16 en salir del los casi 700 metros bajo tierra lo hizo minutos antes de las 13 de hoy y la emoción, la alegría y el milagro no dejan de sorprender en la Mina San Josí, en Copiapó, donde 33 trabajadores que permanecieron atrapados desde 70 días bajo tierra comenzaron a las 0.10 de hoy.

Daniel Herrera Campos, de 27 años, se convirtió en el decimosexto rescatado de los 33 mineros atrapados desde el 5 de agosto. Antes, habían salido Víctor Segovia Rojas, de 47 años; Víctor Zamora Bugueño, de 33; Carlos Barrios, de 27, Edison Peña, de 34; Jorge Galleguillos Orellana, de 55; Alex Vega Salazar, de 32; Mario Gómez, de 63, que sufre silicosis, una enfermedad de pulmón; Claudio Yañez, de 34, Josí Ojeda, de 47; Osmán Araya, de 29; Jimmy Sánchez, de 19; el boliviano Carlos Mamani, de 24; Juan Illanes, de 52.

El primero en salir fue Florencio Avalos, de 31 años y el capataz de la mina. Lo hizo con el traje verde diseñado para atravesar el conducto de 622 metros. Era el primero en respirar el aire frío del desierto de Atacama y se abrazó conmovido con su mujer y su hijo. Una hora exacta despuís lo hizo Mario Sepúlveda, el minero que se hizo famoso por relatar el encierro. “Saquínme de aquí”, dijo cuando la cápsula apenas asomó. Cuando la abrieron, Sepúlveda sacó una bolsa con piedras como “regalos”. La risa fue general. “Se pasaron m’hijitos”, dijo despuís de abrazar a su esposa y al presidente Sebastián Piñera.

Según informó esta mañana el ministro chileno de Salud, Jaime Mañalich, las condiciones de salud de los trabajadores rescatados son buenas. Y destacó que “las cosas se están dando mejor que lo presupuestado. Los tiempos del traslado están siendo menores de los estimados, la cápsula no está sufriendo daños”, añadió.

La subida de los mineros, en promedio, estaba durando un poco más de 15 minutos. Había sido nervio puro cuando Manuel González, el primer rescatista, bajó por la cápsula Fínix 2. “Que Dios lo acompañe y que nos traiga a los mineros”, le dijo el presidente Piñera al despedirlo en la puerta de la cápsula. Eran las once y diecinueve de la noche y los bocinazos en el Campamento Esperanza anunciaron que la fase final del rescate se iniciaba. Iba a ser el primer hombre que verían los 33 mineros atrapados.

Los Avalos, en ese momento, cantaban el himno nacional chileno. Sus caras eran de emoción. Las lágrimas aparecían en los ojos de todas las familias. Piñera había dicho minutos antes: “Nosotros hemos hecho un compromiso de no rendirnos jamás y lo hemos cumplido”. “Esta mina no se va a volver a abrir mientras no asegure que la integridad, la seguridad y la vida de quienes trabajen en ella están resguardadas”, advirtió refiriíndose a la San Josí, de la compañía San Esteban.

A las 23.36 una cámara dentro de la mina mostró que la cápsula con el primer hombre que veían los mineros había llegado al interior. Las lágrimas en el campamento desbordaron. Era la imagen que tanto tiempo se había esperado. González se abrazó tranquilo con cada minero. El rescatista había tardado 16 minutos en bajar. Las caras de los familiares miraban fijo las pantallas de televisión que habían instalado entre las carpas.

“He echado tanto de meno’ a mis niños”, había dicho horas antes a Clarín María Silva y cuando soñaba con abrazar a su hijo Florencio. Pero María ha esperado por partida doble. Dos de sus hijos han pasado estos dos últimos meses en el fondo de la Mina San Josí. La carpa de la familia estaba repleta de periodistas. El hermano menor estaría en el orden 25. Sería uno de los últimos.

Chile entero era tensión contenida cuando el primer rescatista bajó por el tubo. Y fue un grito de euforia acompañado de bocinazos cuando apareció Avalos. Su hijo menor de 8 años, Byron, y su mujer, Mónica, lo esperaban a la salida del conducto que lo trajo. El abrazo con ellos fue eterno.

En la Plaza de Armas de Copiapó, a una hora de la mina, comenzó una gran fiesta que prometía no terminar por días. Una pantalla gigante mostraba lo que sucedía en la mina que había atrapado durante más de dos meses a parte de su gente. Sus iglesias hicieron sonar sus campanas cuando Avalos apareció. Como en todo Chile.

La historia de una tragedia que se convirtió en esperanza y odisea por la resistencia de un grupo de hombres ya se comparaba con hechos como cuando el hombre llegó a la Luna.

La cápsula de rescate comenzó a subir y bajar de forma constante. Por estas horas si todo sigue como lo planeado irá trayendo a cada uno de “los 33”. “Nos quedaremos a esperar a que salga el último de los recatistas”, le contó a Clarín el tío de Florencio Avalos. “Ellos han hecho todo por nosotros y nosotros los esperaremos”. Entonces será reciín cuando la odisea en el desierto de Atacama por fin haya terminado.

Fuente: infoban.com.ar