. : Actualidad | 03/06/2008 11:43 imprimir
Maquinista Savio, ciudad con nombre de obrero.
|| Fuente:  InfoBAN

El nombre del lugar donde viven es un orgullo para sus habitantes.
Hay ciudades de la Provincia de Buenos Aires que fueron bautizadas como homenaje a personas de dudosa moralidad, o como mínimo, actitudes y posiciones cuestionables. Rauch se llama sí por el militar alsaciano nacido en 1790, y que llegó al país en 1819 para participar de las expediciones punitivas organizadas por el General Martín Rodríguez contra los habitantes originarios; después encabezó tres campañas militares donde extendió, a sangre y fuego, y jactándose de “ahorrar balas degollando ranqueles” la frontera agropecuaria para sus patrones, los oligarcas.
Daireaux fue nombrada con el apellido de un normando que nació en 1839, llegó a la Argentina en el 1868, y en 1883 ya tenía enormes extensiones de campos en la Pampa Húmeda.
Abundan los homenajes inaceptables, en Ezeiza una localidad se llama Canning, debe ser por George, quien fue uno de los hacedores del Imperio Británico que tanto expolió a nuestro país durante su larga participación como Canciller durante buena parte de la primera mitad del siglo XIX.
General Alvear presenta varias vergüenzas juntas, ya que a la vez quien le dio nombre fue un traidor a la patria, un militar más que polémico, y un fundador de la oligarquía vacuna.
Lo que no van a encontrar por ningún lado, porque la ciudad escobarense es un caso único, un asentamiento humano que lleva el ilustre apellido, y el oficio, de un obrero.
Francisco Savio nació en Las Heras el 9 de agosto de 1882, hijo de inmigrantes italianos. Ingresó a la empresa ferroviaria que realizaba los viajes a Rosario a los 13 años, el 1ro. de marzo de 1896 como mensajero de la sección Vía y Obras., y transitó por todo el escalafón, una vez incorporado a la sección Tracción en el Galpón de Máquinas de San Martín, como limpiador, engrasador, ayudante mecánico, ajustador y las cuatro categorías de foguista, hasta que en 1906 rindió examen como maquinista.
Al mando de la 161 trajinó 160.000 kms. entre Rosario y Retiro, en trenes de inspección y en el servicio llamado “El Comercial” en esos tiempos un viaje vip, que se empezó a brindar en 1910, cuando las empresas inglesas se fusionaron en la llamada F.C.C.A (Central Argentino).
Sus últimos años antes de la jubilación, que se produjo en 1932, con 36 años de servicio, “Pancho” Savio comandó la 191, la locomotora emblemática y nave insignia de todos los ferrocarriles que surcaban la patria, cuando la red llegó a tener 47.000 kms. de extensión y unía a los pueblos de los cuatro puntos cardinales. La Emperatriz llevó a presidentes y dignatarios extranjeros, desde el conservador Victorino de la Plaza al progresista Hipólito Irigoyen, al duque de Windsor y rey de Inglaterra, que le dijo al orgulloso ferroviario “Mister, usted es el rey de los maquinistas.”
Vivió muchos años en una casita de un barrio poblado por compañeros, a pocas cuadras de la estación de San Martín, en la Calle Saavedra casi esquina Lincoln, donde acostumbraba a tomar mate en la puerta en compañía de su esposa, la tucumana María Díaz, hasta que el 6 de octubre de 1963 murió, a los 81 años, en el Policlínico Ferroviario de Retiro.
Los tiempos han cambiado mucho, hoy si la patronal propone homenajear a un trabajador, habría que sospechar que no sea un buchón o un esquirol. Savio no lo fue, fue un trabajador digno, y es un honor para los habitantes de la localidad que cumple 34 años, muchos de ellos también obreros, que lleve ese nombre.